jueves, 18 de septiembre de 2014

El letargo de los "Y si..."


“Si deseas que ocurra algo, debes asumir una actitud proactiva y dar los pasos que sean necesarios para que ese deseo se convierta en realidad.”

Un día mas, multitud de opciones, infinidad de posibilidades, y tú tan agonía como siempre no te terminas de decidir, no quieres tomar un solo camino, tampoco los quieres todos, quieres los pros y evitar los contras, vives en un “sí, pero no” continuo y cuando te cansas cambias al “no, pero sí”, sigues estancado entre dos paredes, ni avanzas ni retrocedes, porque y si… te equivocas, y si… no haces lo correcto, y si… pierdes más de lo que ganas, y si…

 y no ves que esto ya es una decisión, que ya estas escogiendo una opción, la de no moverte, la de no continuar, la de permanecer inmóvil, la de quedarte inerte, te conviertes en un procrastinador,  entras en un estado de estupor, esperando que algún estímulo externo te haga reaccionar, que pase algo o alguien que decida por ti, y vas retrasando el momento de elegir, sin ver que ya estas cogiendo un camino sin salida , no ves que te empujas a un laberinto del que cada vez será más difícil salir.

Estas siendo de los que ve el vaso medio vacío, solo ves que si elijes tendrás que descartar, tendrás que renunciar a cosas y perder algunas oportunidades.

Los que ven el vaso medio lleno ven la oportunidad de conseguir algo, no ven lo que dejan, se centran en lo que ganan.

¿Y ahora cuál de ellos lleva razón? O ninguno o los dos, es verdad que el vaso está vacío pero también lleno y por otro lado, el vaso no está lleno… ni vacío.

Los dos se equivocan en los mismo, solo ven una parte pero no el conjunto, como si sufrieran una “hemiplejia emocional”, por tanto, desde su perspectiva ambos llevan razón, viéndola en conjunto, ninguno.
Intentemos ser realistas, con cualquier opción voy a ganar y voy a perder, lo grande sería escoger sabiendo lo que perdemos, aceptando que vamos a renunciar a cosas buenas pero nos merece la pena porque conseguiremos otras muchas.

Así que olvida los “y si…” porque hagas lo que hagas habrá situaciones que no imaginaste que ocurrirían, que escaparan a tu control.

 Decide, vas a perder, pero valdrá la pena por lo que vas a ganar.




jueves, 11 de septiembre de 2014

Hay ratones más grandes que leones.


No se trata de quién eres sino de cómo te aceptas.




¿Cuántas veces te has sentido pequeño?, ¿Cuántas veces te has sentido vulnerable frente al resto? ¿Y cuántas veces lo has reconocido?  No ante los demás, que también,  sino ante ti mismo. ¿Cuántas veces has sido coherente con ese sentimiento? ¿Cuántas veces te has sentido débil por dentro y te has mostrado fuerte por fuera? ¿Y por qué? ¿Qué has conseguido?

Seguramente lo único que has conseguido ha sido reforzar esa sensación de debilidad. ¿Y qué?

No podemos ser tan injustos con nosotros mismos, no somos seres perfectos, o quizás la perfección esté en nuestra imperfección porque mi yo más perfecto será mi yo más real ¿no? No será el más fuerte, el más guapo o el más bueno, porque ese no sería yo, tampoco será el más pequeño, malo o feo. ¿O sí? Depende, si soy así sí, esa será el más perfecto, el más transparente, el más auténtico, ahí está la perfección. Si me acepto tal y como soy y me muestro tal cual, tendré la capacidad de atribuirme, sin equivocarme, todos mis éxitos y fracasos, teniendo la seguridad de que son míos, de que esos resultados son así por cómo soy yo y me pertenecen. Podré entonces usarlos para seguir adelante, para motivarme o para aprender, para seguir así o para rectificar en un próximo intento.

Pero si por el contrario, no soy fiel a mí mismo, me impongo el objetivo de ser el mejor en todo, impidiéndome ser yo, aceptando solo mi parte positiva, solo reconociendo aquellos atributos que se acercan a  mi yo ideal. Y rechazo todo aquello de lo que me avergüenzo, que no me gusta de mi, aquello que me hace sentir pequeño. ¿Qué logro? ¿Tan malo soy que tengo que esconderme? Si que tengo que ser poco, si con lo que soy no es suficiente y tengo que reinventarme. Con esto solo consigo mermar mi autoestima, quizás la poca que me queda. Pero a corto plazo me vale ¿no? Salgo a la calle, y voy más seguro, porque esa mañana al despertarme decidí ponerme una máscara. Así que los otros no me ven a mí, ven lo que yo quiero que vean. Sus críticas no me llegan de la misma manera, las criticas van dirigidas a lo que ven, pero no a mí, porque a mí no me conocen ¿verdad? Además les encantaré a todos porque la máscara que elegí esa mañana es preciosa, así todos me querrán, todos disfrutarán a mi lado y todos querrán estar cerca de una persona como yo. De vuelta, me siento tan lleno, tan vivo, tan fuerte, tan grande. Sin embargo, cuando llego a casa y veo las fotos de ese día, no me veo, no me encuentro, juraría que yo salía en todas esas fotos. Todos salen tan bien, hay un chico que llama la atención, era el más guapo, se le ve tan feliz, rodeado de tanta gente. Antes de acostarme, voy al baño y ¡qué sorpresa cuando me encuentro con esa chico de la foto! Está frente a mí, en el espejo. ¡Ese chico soy yo! Había olvidado que llevaba la máscara. De repente una sensación de vacío me inunda, toda esa fuerza que sentía no era mía, no lo había conseguido yo, había sido mi máscara, no me pertenecía. Había sido un día perdido, un día no vivido. Y me quito la máscara, y por fin me veo, más pequeño incluso que antes. ¿En qué momento pensé que eso funcionaría? ¿Por qué me engañé de esa manera? ¿Y por qué engañé a los que me rodeaban? Ellos no me habían elegido a mí, sino a mi mascara. Así que ahora también me sentía solo.

Era como ese pequeño ratón que por miedo a ser pisoteado se había disfrazado de león, sin embargo, con eso solo conseguía sentirse más pequeño ya que él no podía rugir como el resto de leones, ni era tan grande como ellos. O como la historia del león que quería ser ratón y tampoco le sirvió porque él no podía correr y esconderse como ellos, él no era tan pequeño.

No podemos pretender ser alguien que no somos. A veces, nos sale sin darnos cuenta, como un mecanismo defensivo. Pero eso solo actúa como una barrera ante la realidad, porque a veces la realidad es dura, pero es la realidad, por eso, aunque dura, siempre será mejor que una falsa. No serviría fingir, eso solo nos perdería por el camino, nos alejaría de la meta. Es absurdo calcular una ruta hacia un destino,  desde otro punto que no sea el actual, así nunca llegaré a la meta. Porque primero tengo que saber desde dónde parto. Por ello, el primer paso es aceptarme y quererme tal cual soy, porque así soy el yo más perfecto, así soy yo. Luego ya podremos ir puliendo las cosas que queramos mejorar.

Para llegar a mi yo ideal tengo que calcular la ruta desde mi yo real.

Resiliencia



¿Resiliencia? No es extraño que este término nos resulte poco familiar. ¿A que nos suena? ¿A resistencia? Pues sí, y no nos equivocamos mucho. Según la RAE se define la Resiliencia como  “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Esta palabra, aunque nueva para nosotros, tiene un origen muy antiguo, incluso aparece ya en la Biblia. Proviene del verbo latino resilio, resilire,  que significa “saltar hacia atrás, rebotar”. 

La Resiliencia no es sólo la capacidad de afrontar la adversidad sino también es salir fortalecido de una situación complicada,  alcanzando un estado de mayor excelencia personal.

Según el Instituto Español de Resiliencia, las personas con más Resiliencia tienen mayor sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos. No caigas en el error de culpabilizar a tu entorno, no te excuses en que tú no puedes hacer nada. Eres responsable de tu vida y a pesar de las adversidades puedes elegir cómo vivirla. Es cierto que no siempre elegimos nuestro entorno pero sí podemos elegir cómo actuar en él.

En este sentido, la Resiliencia está muy relacionada con lo que yo entiendo por felicidad. Es feliz el que quiere, no el que puede. Para mi la felicidad es una decisión. Ante un estímulo adverso, tenemos dos opciones: Podemos dejarnos dominar por la pena, acomodarnos en la victimización y caer en el autoengaño de que no podemos hacer nada. O bien, podemos cambiar de perspectiva, ver la situación no como un problema sino como una oportunidad, sacar fuerzas y mirar con optimismo, aunque con realismo. No consiste en no sufrir, o en rechazar el dolor, sino en ser capaz de atravesarlo. Consiste en asumir, comprender y aceptar la adversidad. Es saber mantenerse sano incluso en un medio insano.

Según el ICCB (Institute on Child Resilience and Family), la Resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. ¡Ser transformados por ellas! ¡Que maravilla! El hombre no es estático, es dinámico y cambiante, puede superarse, tiene opción de mejora. De cada uno de nosotros depende permitirnos o no esa transformación.

Por otro lado, Grotberg (1995) enfoca el concepto de Resiliencia otorgándole al individuo el rol de creador. Para él, es una combinación de factores que permiten, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos.

Y tras ésto, llego a una conclusión: Debemos desempeñar un doble rol en nuestra vida. Debemos ser objeto y sujeto. Debemos ser vasija y artesano. La vasija actúa como objeto pasivo, flexible, se deja dar forma y ser transformada y por otro lado, el artesano es quien da forma a la vasija. Es el sujeto activo que a pesar de que las condiciones externas del medio no sean las óptimas, puede que la humedad del taller dificulte la manipulación del barro, decide cómo crear su obra. Dependerá de la calidad del barro y de la experiencia y dedicación del artesano, del empeño y del cariño que éste ponga en modelar y dar forma a la vasija. Decídete a ser vasija y artesano. Sé flexible y permítete cambiar, y a la vez, elige tú la forma del cambio, sobreponte a las dificultades y déjate ser el mejor tú que puedas ser.

El camino que lleva a la Resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y esfuerzo emocional, a pesar del cual las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia. 

Pero, ¿cómo lo hacen?. La Resiliencia no es algo que una persona tenga o no tenga, sino que implica una serie de formas de pensar y de conductas que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

Para ser resiliente es indispensable cultivar tres habilidades básicas: aceptar la realidad tal y como es; tener una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y tener una inquebrantable capacidad para mejorar. Para conseguir esto hay que ser realista, fuerte y flexible. 

Pero ¿Cómo? Para responder a esta pregunta, permíteme algunos consejos más:


  • El apoyo emocional es uno de los factores principales. Tener en tu vida personas que te quieren y te apoyan y en quien puedes confiar te hace mucho más resiliente que si estás solo.
  • Permitirte sentir emociones intensas sin temerlas ni huir de ellas, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer cuándo necesitas evitar sentir alguna emoción y centrar tu mente en alguna distracción.
  • Afrontar los problemas, sin huir, y buscar soluciones. Implica ver los problemas como retos que puedes superar y no como terribles amenazas.
  • Tomarte tiempo para descansar y recuperar fuerzas, sabiendo lo que puedes exigirte y cuándo debes parar.
  • Confiar tanto en ti mismo como en los demás.


Dicho todo lo anterior, la Resiliencia está en uno mismo y no se nace con ella, cada uno elabora o modifica su grado de resiliencia. 


La definición de este término puede parecer abstracta o incluso confusa en un principio, pero, creo que todos, de un modo u otro, somos conscientes de cuán resilientes somos, pues cada uno sabe mejor que nadie su historia y sus puntos débiles y fuertes, cada uno es dueño de cómo afrontar determinadas situaciones y de tirar o no la toalla. Cada uno pone su límite, aquí no hay nadie que diga ‘’basta’’ y a ésto me refería con ‘’Resiliencia’’; me refería a la capacidad de hacer que un error se convierta en experiencia y que nos aporte más de lo que puedes restarnos.


Debemos dejar atrás la falsa idea de que todo lo que nos hace daño es malo, estamos  inclinados a llamar error a las vivencias difíciles. Y nos equivocamos. Debemos romper de una vez con esas cadenas ya que, al fin y al cabo, que sea un error o no dependerá del provecho que saquemos de esa situación. Y aun peor, intentamos huir y evitar los errores, las situaciones complicadas, ese no es el camino. Recuerda que “Las personas felices aceptan las cosas que no tienen remedio pero luchan por aquellas que tienen solución.”