jueves, 11 de septiembre de 2014

Resiliencia



¿Resiliencia? No es extraño que este término nos resulte poco familiar. ¿A que nos suena? ¿A resistencia? Pues sí, y no nos equivocamos mucho. Según la RAE se define la Resiliencia como  “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Esta palabra, aunque nueva para nosotros, tiene un origen muy antiguo, incluso aparece ya en la Biblia. Proviene del verbo latino resilio, resilire,  que significa “saltar hacia atrás, rebotar”. 

La Resiliencia no es sólo la capacidad de afrontar la adversidad sino también es salir fortalecido de una situación complicada,  alcanzando un estado de mayor excelencia personal.

Según el Instituto Español de Resiliencia, las personas con más Resiliencia tienen mayor sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos. No caigas en el error de culpabilizar a tu entorno, no te excuses en que tú no puedes hacer nada. Eres responsable de tu vida y a pesar de las adversidades puedes elegir cómo vivirla. Es cierto que no siempre elegimos nuestro entorno pero sí podemos elegir cómo actuar en él.

En este sentido, la Resiliencia está muy relacionada con lo que yo entiendo por felicidad. Es feliz el que quiere, no el que puede. Para mi la felicidad es una decisión. Ante un estímulo adverso, tenemos dos opciones: Podemos dejarnos dominar por la pena, acomodarnos en la victimización y caer en el autoengaño de que no podemos hacer nada. O bien, podemos cambiar de perspectiva, ver la situación no como un problema sino como una oportunidad, sacar fuerzas y mirar con optimismo, aunque con realismo. No consiste en no sufrir, o en rechazar el dolor, sino en ser capaz de atravesarlo. Consiste en asumir, comprender y aceptar la adversidad. Es saber mantenerse sano incluso en un medio insano.

Según el ICCB (Institute on Child Resilience and Family), la Resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e inclusive, ser transformados por ellas. ¡Ser transformados por ellas! ¡Que maravilla! El hombre no es estático, es dinámico y cambiante, puede superarse, tiene opción de mejora. De cada uno de nosotros depende permitirnos o no esa transformación.

Por otro lado, Grotberg (1995) enfoca el concepto de Resiliencia otorgándole al individuo el rol de creador. Para él, es una combinación de factores que permiten, a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos.

Y tras ésto, llego a una conclusión: Debemos desempeñar un doble rol en nuestra vida. Debemos ser objeto y sujeto. Debemos ser vasija y artesano. La vasija actúa como objeto pasivo, flexible, se deja dar forma y ser transformada y por otro lado, el artesano es quien da forma a la vasija. Es el sujeto activo que a pesar de que las condiciones externas del medio no sean las óptimas, puede que la humedad del taller dificulte la manipulación del barro, decide cómo crear su obra. Dependerá de la calidad del barro y de la experiencia y dedicación del artesano, del empeño y del cariño que éste ponga en modelar y dar forma a la vasija. Decídete a ser vasija y artesano. Sé flexible y permítete cambiar, y a la vez, elige tú la forma del cambio, sobreponte a las dificultades y déjate ser el mejor tú que puedas ser.

El camino que lleva a la Resiliencia no es un camino fácil, sino que implica un considerable estrés y esfuerzo emocional, a pesar del cual las personas sacan la fuerza que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia. 

Pero, ¿cómo lo hacen?. La Resiliencia no es algo que una persona tenga o no tenga, sino que implica una serie de formas de pensar y de conductas que cualquier persona puede aprender y desarrollar.

Para ser resiliente es indispensable cultivar tres habilidades básicas: aceptar la realidad tal y como es; tener una profunda creencia en que la vida tiene sentido; y tener una inquebrantable capacidad para mejorar. Para conseguir esto hay que ser realista, fuerte y flexible. 

Pero ¿Cómo? Para responder a esta pregunta, permíteme algunos consejos más:


  • El apoyo emocional es uno de los factores principales. Tener en tu vida personas que te quieren y te apoyan y en quien puedes confiar te hace mucho más resiliente que si estás solo.
  • Permitirte sentir emociones intensas sin temerlas ni huir de ellas, y al mismo tiempo ser capaz de reconocer cuándo necesitas evitar sentir alguna emoción y centrar tu mente en alguna distracción.
  • Afrontar los problemas, sin huir, y buscar soluciones. Implica ver los problemas como retos que puedes superar y no como terribles amenazas.
  • Tomarte tiempo para descansar y recuperar fuerzas, sabiendo lo que puedes exigirte y cuándo debes parar.
  • Confiar tanto en ti mismo como en los demás.


Dicho todo lo anterior, la Resiliencia está en uno mismo y no se nace con ella, cada uno elabora o modifica su grado de resiliencia. 


La definición de este término puede parecer abstracta o incluso confusa en un principio, pero, creo que todos, de un modo u otro, somos conscientes de cuán resilientes somos, pues cada uno sabe mejor que nadie su historia y sus puntos débiles y fuertes, cada uno es dueño de cómo afrontar determinadas situaciones y de tirar o no la toalla. Cada uno pone su límite, aquí no hay nadie que diga ‘’basta’’ y a ésto me refería con ‘’Resiliencia’’; me refería a la capacidad de hacer que un error se convierta en experiencia y que nos aporte más de lo que puedes restarnos.


Debemos dejar atrás la falsa idea de que todo lo que nos hace daño es malo, estamos  inclinados a llamar error a las vivencias difíciles. Y nos equivocamos. Debemos romper de una vez con esas cadenas ya que, al fin y al cabo, que sea un error o no dependerá del provecho que saquemos de esa situación. Y aun peor, intentamos huir y evitar los errores, las situaciones complicadas, ese no es el camino. Recuerda que “Las personas felices aceptan las cosas que no tienen remedio pero luchan por aquellas que tienen solución.”





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