sábado, 1 de noviembre de 2014

El cambio siempre suma.


No temas al cambio, a lo desconocido, a lo nuevo, nos resistimos a cambiar con las escusas del no quiero, no puedo y no conozco... tres autoengaños muy cómodos pero peligrosos.





Las personas tendemos a querer controlarlo todo, nada se nos puede escapar, por eso cuando cambiamos de etapa, nos exponemos a una nueva situación, o la situación no nos gusta (generalmente porque no ha sido algo elegido) nos sentimos tan descolocados. Tenemos pánico a la incertidumbre, es un terreno sobre el que no tenemos ningún mecanismo de acción y miles de preguntas y posibles hipótesis se apoderan de nuestro pensamiento. ¿Por qué? ¿Qué debo hacer? ¿Qué va a pasar?... Vas desgastándote poniendo todos tus esfuerzos en aspectos que nunca vas a controlar, no caemos en que aunque tú no has elegido esa situación sí puedes elegir como vivirla. Sí y es lo típico que se dice pero profundiza en esta reflexión porque es verdad! Y no solo reflexiones, llévalo a cabo... ¿Cómo?

1.         Para empezar, no pretendas decir de buenas a primera “vale, no me afecta, estoy bien”… ¡sabes que es mentira!, es absurdo mentirse a uno mismo, es cuestión de superarse para continuar, de soltar lo que te pesa para progresar, no continúes almacenando piedras en tu mochila porque llegará un momento en que no podrás disfrutar del camino. Tenemos que aprender a convivir con la incertidumbre, aprender que nunca vamos a poder controlarlo todo (y menos mal). El primer paso es aceptarlo y darte un tiempo para tomar conciencia del momento en el que te encuentras, aceptar las cosas que han cambiado, y visualiza el punto de partida para conseguir llegar a donde quieres. Para esto tienes que soltar lo que te pesa ya sea tristeza, odio, rencor o lo que sea, si tienes que llorar, gritar, callar o desaparecer unos días ¡hazlo! Permítete ser y quiérete siendo débil porque esto te hará fuerte.

2.       Ahora debes fijarte objetivos, metas, tener motivaciones e ilusiones que te impulsen a mejorar, si la situación no te gusta cámbiala, sino puedes, acéptala y decide, dentro de esas circunstancias qué quieres hacer, siempre hay un margen de acción, siempre podemos decidir, no te acomodes repitiéndote que no puedes hacer nada, que no sabes por qué estas así y que las cosas son como son, ¡Mentira! Eso es lo fácil, es la autocompasión mal entendida, los que piensan ¡Pobrecito de mi! No consiguen nada, si acaso que alguien que pase a su lado sienta pena y le den limosna pero en cuanto esa persona continúa su camino vuelven a su punto de partida, sin haber avanzado nada. Como dijo Marilyn Monroe “La felicidad está dentro de uno, no al lado de nadie”.

3.       Una vez que tienes claro lo que quieres conseguir ve a por ello. Y este es el punto más difícil. Es cómodo quedarse sentado comiéndote la cabeza con todos los problemas que tienes, lo difícil que es tu vida y lo desdichado que eres. ¡Pero todo esto debiste soltarlo en el punto 1!. Sé que da pereza movilizarse y bueno ya mejor mañana ¿no? Total. Por un día… Hazme caso, con esa actitud el mañana nunca llega. Este punto cuesta, pero es como cuando estás enfermo y si quieres ponerte bien tienes que tomar ese jarabe tan asqueroso, sino lo tomas el paso del tiempo solo te empeorará incluso puedes morir, quedarte quieto, inmóvil, parado, estático, es lo peor que puede pasarte.


El cambio siempre es positivo, siempre suma, no debemos temer. El cambio es progreso. Al cambiar no pierdes porque aunque ya no estés en la situación de antes, aprendes, ya es algo que llevas en tu mochila personal para el resto del camino, te guía en saber lo que quieres y lo que no. Tampoco debemos temer a las etapas difíciles, es en las crisis donde sacamos nuestros mejores recursos, que en muchas ocasiones ni sabías que tenías, es ahí donde se produce el cambio, es en los momentos complicados cuando aprendemos a levantarnos, aprendemos que somos capaces de caminar una vez más. Es en esos momentos difíciles cuando nos demostramos lo fuertes que podemos llegar a ser, es una oportunidad para sacar a relucir nuestra capacidad de afrontamiento, una oportunidad para mejorar, para progresar, para reinventarte.


Yo no te voy a decir lo típico de “No cambies nunca”, y no porque no seas hoy lo suficientemente bueno, seguro que sí pero créeme, puedes ser mejor. Así que yo te digo todo lo contrario: cambia, crece, camina, muévete, decide y nunca te pares.


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